lunes, 6 de abril de 2009

Corre Darío Corre

Llegué del trabajo y para variar lo primero que hago es navegar por Internet. Creo ser uno más de los que no tienen vida, de los que su única compañía es el Internet, si bien antes mi amiga era la televisión (mi gran compañera de mi infancia) ahora la he abandonado, engañado con mi nuevo y gran amor el Internet.

Mi nuevo mundo es el Internet, el cyber mundo, en donde te puedes comunicar con gente que ni conoces, con gente que a lo mejor ni siquiera es real, con personas que tal vez ya no existen en este mundo, y que para ti solo son un monito que nunca más cambio de su color gris.

Converso, pero no hay nada ni nadie interesante, solo gente que te expresa sus problemas tan comunes y corriente como la de cualquier mortal, nadie me llama la atención, nadie tiene ese “no sé qué” que lo haga diferente…

Y si me voy a correr a la costanera, si bien es tarde (son las 9 de la noche), por lo menos haré algo diferente.

Pesco el primer short y chaleco que tengo, y mis audífonos que parecen orejeras de invierno, y salgo a trotar, lo único que espero es poder correr más de 10 minutos. Aún recuerdo la primera vez que fui a correr, creo que corrí 10 minutos y terminé con una taquicardia, tirado en la playa con plena luz del día.

Cruzo la calle hacia la costanera y lo primero que veo, es a un tipo gordo, con una mirada penetrante, con esa mirada de búsqueda del placer momentáneo, de ese placer que acabe por un instante su miserable vida,. Yo lo veo y lo miro con pena, el trata de acercarse a mí, pero yo lo ignoró, tal como tantas veces me ignoraron a mi en una disco, en un Chat, en un encuentro, en la vida.

No, Jamás lo he hecho, no lo hice y no lo haré, nunca tendré sexo furtivo, sexo solo para apaciguar la soledad interior que uno tiene, prefiero mil veces el sexo con uno mismo, al sexo con un extraño que con suerte lo volverás a ver.

Sigo corriendo, y mi próxima barrera es un tipo, de aspecto algo colorido, por no decir loca, me llama la atención su larga cabellera “rubia”, debe ser nórdico. Al acercarse más y más, me doy cuenta que lo único nórdico era la tintura que uso para teñirse el pelo. Se acerca, y yo con algo de miedo, puede ser un ladrón, un asaltante, o simplemente uno más de los que buscan apaciguar su miserable soledad. Nuevamente esa mirada, que ya había conocido, esa mirada de cordero degollado, que clama por una caricia, un gesto, un cariño. Esa mirada que solo quiere compañía por un instante, esa mirada que veo cada vez que me paro frente a un espejo.

Corro por más de medía hora, creo que he batido todos mis record, será porque estoy trabajando, o simplemente porque he acumulado tanta energía que tengo pilas para rato.

Me devuelvo, a lo lejos veo al tipo de la cabellera rubia, caminando hacia el roquerio, tras él, viene el tipo gordo que tenía esa mirada deseosa de sexo.. Ambos caminan hacia un roquerio, asumo que van a saciar esa carencia de cariño, de tocar a otro ser que no sean ellos mismo, de sentirse deseado, queridos y amados, , aunque sea por un instante…

Los miro con envidia, si tan solo pudiera tener esa facilidad de hacer las cosas, y no ponerme limites, creo que sería más feliz, si tan solo pudiera cerrar los ojos y llevarme hacia el placer, creo que sería más feliz. Espero que para ellos eso sea más que sexo express, espero que sea algo más.

Yo lo único que puedo hacer es seguir corriendo, corriendo y corriendo. Y ver como me voy alejando de ellos…